¿Por qué muchas mujeres descubren que tienen TDAH después de ser madres?
Dra. Lara Martín
7/19/20263 min leer
"No sé qué me ha pasado desde que nació mi hijo. Antes conseguía llegar a todo, aunque me costara mucho más que a los demás. Ahora siento que no soy capaz de organizarme y que vivo en el caos."
Esta es una situación frecuente en consulta. Muchas mujeres acuden por primera vez tras la maternidad porque sienten que han perdido la capacidad de organizarse, concentrarse o incluso porque creen estar teniendo problemas de memoria. En algunas de ellas, una evaluación detallada revela un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) que había pasado desapercibido durante años.
La maternidad no provoca el TDAH
Es importante aclarar una idea: la maternidad no causa el TDAH.
Convertirse en madre supone una etapa de grandes cambios físicos, emocionales y organizativos. Es normal sentirse más cansada, despistada o sobrepasada durante este periodo. Sin embargo, en algunas mujeres estas dificultades no son completamente nuevas, sino la manifestación de un TDAH que había permanecido sin diagnosticar hasta ese momento.
El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, por lo que los síntomas están presentes desde la infancia, aunque no siempre hayan sido reconocidos como parte de un TDAH.
Lo que ocurre es que muchas mujeres consiguen compensar sus dificultades durante años gracias a su esfuerzo, a un entorno estructurado o a estrategias de compensación que desarrollan de forma intuitiva. Sin embargo, cuando las demandas aumentan, esas estrategias pueden dejar de ser suficientes.
¿Por qué la maternidad puede hacer más visibles los síntomas?
La llegada de un hijo supone un aumento importante de las exigencias diarias. Planificar, recordar citas, organizar horarios, anticipar necesidades o gestionar imprevistos requiere un buen funcionamiento de las llamadas funciones ejecutivas, precisamente una de las áreas que suele verse afectada en el TDAH.
A esto se suman otros factores habituales, como la falta de sueño, el cansancio acumulado y la mayor carga mental, que pueden hacer que las dificultades de organización y atención resulten mucho más evidentes.
"Siempre había podido con todo"
Muchas mujeres explican que, antes de ser madres, ya necesitaban invertir mucho más esfuerzo que otras personas para mantenerse organizadas. Utilizaban agendas, listas interminables, alarmas o trabajaban hasta última hora para cumplir con sus responsabilidades.
Con la maternidad, ese margen desaparece. No es que aparezcan dificultades nuevas, sino que las que ya existían dejan de poder compensarse. Las demandas aumentan y las estrategias que antes funcionaban dejan de ser suficientes. Es entonces cuando aparecen la sensación de desbordamiento, la frustración o la culpa por no llegar a todo.
¿Por qué el diagnóstico suele llegar en la edad adulta?
Cada vez es más frecuente diagnosticar TDAH en mujeres entre los 30 y los 45 años. Esto no significa que el trastorno aparezca en esa etapa, sino que hasta entonces había permanecido oculto.
En muchas mujeres predominan los síntomas de inatención, que suelen pasar más desapercibidos que la hiperactividad. Además, durante años pueden compensar las dificultades con un gran esfuerzo o atribuirlas al estrés, la ansiedad o a una supuesta falta de organización.
¿Cuándo merece la pena consultar?
Sentirse cansada o sobrepasada tras convertirse en madre es habitual y no implica necesariamente que exista un TDAH. Sin embargo, puede ser recomendable realizar una valoración especializada si estas dificultades afectan de forma persistente a tu vida diaria o si, al mirar atrás, reconoces que ya estaban presentes mucho antes de la maternidad.
Comprender el origen de lo que ocurre no implica necesariamente iniciar un tratamiento farmacológico. Para muchas mujeres, recibir un diagnóstico supone entender por primera vez por qué determinadas tareas siempre les han resultado especialmente difíciles, reducir la sensación de culpa y comprender que muchas de las dificultades que han experimentado durante años no eran consecuencia de una falta de esfuerzo, sino de un trastorno que había pasado desapercibido.
Dra. Lara Martín
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