Las vacaciones me han hecho darme cuenta de que algo no va bien

Dra. Lara Martín

8/26/20263 min leer

coconut trees under cloudy sky during daytime
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"Llevaba meses esperando estas vacaciones. Estoy en el lugar que quería, haciendo planes que me apetecían muchísimo y, aun así, no consigo disfrutar. Pensaba que estaba simplemente cansado, pero ahora empiezo a preguntarme si hay algo más."

Esta es una situación que puede aparecer durante las vacaciones. Durante el año, el ritmo de trabajo, las obligaciones familiares y las responsabilidades del día a día dejan poco espacio para detenernos y preguntarnos cómo estamos realmente.

Cuando ese ritmo se detiene, algunas personas descubren que el malestar que atribuían a la rutina o al cansancio lleva más tiempo presente de lo que pensaban.

Cuando por fin paramos, tenemos más espacio para notar cómo estamos

Las vacaciones suponen un cambio importante en la rutina. Disminuyen las obligaciones, tenemos más tiempo libre y, en muchos casos, dejamos de funcionar en automático, como hemos estado haciendo durante meses.

Esto puede ser positivo, pero también puede hacer más visibles algunos síntomas o dificultades que habían quedado en un segundo plano.

Puede aparecer la sensación de no poder desconectar, una preocupación constante, irritabilidad, tristeza, falta de motivación o incluso la sensación de no disfrutar de unas vacaciones que, en principio, deberían resultar agradables. Y cuando sentimos que no estamos disfrutando de algo que llevábamos meses esperando, puede aparecer también la culpa: "debería estar disfrutando", "no tengo motivos para sentirme así" o "hay personas que desearían estar en mi situación".

A veces no es que las vacaciones nos hagan sentir peor, es que nos permiten darnos cuenta de que no estábamos tan bien como pensábamos.

En otras personas ocurre justo lo contrario: necesitan unas vacaciones llenas de actividades, planes y estímulos nuevos. Viajes, deporte, actividades intensas o incluso experiencias que impliquen cierta dosis de adrenalina pueden ayudarles a sentirse bien durante unos días. Cuando llega la inactividad, sin embargo, pueden sentirse incómodas, inquietas o conectar con un malestar que durante el resto del año queda eclipsado.

Mantenerse constantemente ocupado o buscar estímulos intensos no significa necesariamente que exista un problema de salud mental. Sin embargo, cuando la actividad se convierte en una forma de evitar sistemáticamente estar a solas con los propios pensamientos o emociones, puede ser interesante preguntarse qué estamos intentando evitar.

¿Por qué pueden aparecer síntomas durante las vacaciones?

Durante el año, mantener una rutina estructurada puede ayudarnos a funcionar incluso cuando no nos encontramos bien. Tenemos horarios, obligaciones y objetivos que cumplir. Podemos mantenernos en un estado de exigencia constante sin apenas detenernos a observar cómo nos encontramos.

Cuando esa estructura desaparece, podemos tener más espacio para prestar atención a cómo nos sentimos.

En algunas personas, además, la ansiedad puede hacerse más evidente precisamente cuando disminuye el ritmo. Durante periodos de mucha exigencia podemos estar tan centrados en lo que tenemos que hacer que apenas prestamos atención a las señales de nuestro cuerpo. Cuando finalmente nos relajamos y desaparece esa activación, pueden hacerse más perceptibles sensaciones físicas o pensamientos ansiosos.

También pueden hacerse más evidentes algunos problemas que durante el año hemos ido posponiendo: dificultades en la relación de pareja, conflictos familiares, insatisfacción laboral o una sensación de agotamiento que no desaparece simplemente por dormir más.

Asimismo, las vacaciones no siempre son sinónimo de descanso. Viajar, planificar, cuidar de los hijos a tiempo completo o compartir mucho más tiempo con otras personas también puede generar estrés.

No todo es "síndrome posvacacional"

Es normal que la vuelta de vacaciones produzca cierta pereza, cansancio o dificultad para recuperar los horarios habituales. Estos cambios suelen ser transitorios y mejoran progresivamente al recuperar la rutina.

Sin embargo, conviene prestar atención cuando el malestar es intenso, persiste o afecta de forma significativa a nuestra vida diaria.

¿Cuándo merece la pena consultar?

No es necesario esperar a encontrarse muy mal para pedir ayuda.

Una tristeza o irritabilidad que no desaparece, falta de energía, preocupación constante, pérdida de interés por actividades que antes disfrutábamos, cambios persistentes en el sueño o el apetito, o un malestar que dificulta retomar la rutina habitual después de un periodo de descanso pueden ser señales de que existe algo más que el cansancio propio de la vuelta a la rutina. En estos casos, una valoración profesional puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y qué puedes hacer para encontrarte mejor.

Detrás de este malestar puede haber diferentes situaciones: un periodo de estrés mantenido, agotamiento emocional, dificultades laborales, familiares o de pareja, o un problema de salud mental que había pasado desapercibido en medio del ritmo habitual del día a día.

Por eso, cuando el malestar persiste, es importante no atribuirlo automáticamente a la vuelta de vacaciones. Una valoración profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y qué podemos hacer para encontrarnos mejor.

A veces necesitamos parar para darnos cuenta de que estábamos demasiado ocupados para escuchar cómo nos encontrábamos.

Dra. Lara Martín

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